Historia de la Espeleología

Cacahuamilpa
II Barón Jean de Gros, Grutas de Cacahuamilpa, 1835 [aceite en canvas, 101 x 130.8 cm]

El penetrar a las entrañas de la tierra, a los espacios nunca antes explorados, para así poder descifrar el código escondido de la naturaleza, es un reto para el pensamiento en el que se acompañan por igual: el saber contemporáneo, y los temores de nuestros ancestros que ahí vieron nacer un universo místico. La espeleología es aún una desconocida para la mayoría de los mexicanos, el propio término sorprende y cuestiona. La espeleología aparece entonces como una ciencia de frontera, alejada en los remotos extremos de las investigaciones sobre terrenos inhóspitos. No obstante, algunos estamos dedicados en hacer comprensible a la comunidad ese mundo subterráneo, trabajando por ello en la institucionalización de la espeleología dentro de las ciencias.

A través del tiempo, la explicación que hacen los hombres de las cavernas no es siempre la misma. Cada época aporta una interpretación diferente, determinada por el nivel de conocimiento sobre la naturaleza y la ideología dominante. Es esta diversidad del proceso cognoscitivo sobre las formaciones subterráneas naturales la que me lleva a definir tres momentos precisos del conocimiento subterráneo antes de la aparición en el siglo XX en México de la espeleología como la ciencia de las formaciones subterráneas naturales:

  1. Originalmente en Mesoamérica se contempla una tendencia empírica a partir de la religión.
  2. Posteriormente durante el Virreinato se adquiere una interpretación teológica basada en la escolástica, la especulación y el mundo clásico de la antigüedad con las propuestas aristotélicas.
  3. De ese momento teológico se pasa a la etapa metafísica y así se llega al positivismo del siglo XIX y el inicio de la ciencia subterránea

La ciencia llega a ese momento positivista del siglo XIX con el acopio de información como un concepto de integración nacional y discurso político. Las expediciones científicas de índole geográfica en un sentido real y estricto sirven para esa composición nacional.

De manera general, los datos más antiguos de exploración e investigación científica a las cavernas mexicanas parten del siglo XIX. Las primeras aportaciones se realizan en las grutas de Cacahuamilpa y cavernas adyacentes. Posiblemente el trabajo más antiguo sea el ensayo del II Barón Jean de Gros para 1835, quien en ese entonces realizaba una activa labor diplomática como encargado de negocios de la legación de Francia en México, pero no sólo fue un explorador subterráneo, también es recordado por su pintura paisajista de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl y el ascenso a este último para 1833; D. G. Bilimeck para 1867 era jardinero de Maximiliano, por tal motivo se vio obligado a explorar el territorio nacional con la recolección de especies vegetales, y junto con Manuel Villada fundaron el Museo Nacional de México, en esa labor realizó la colecta biológica en algunas cavernas de la región de Cacahuamilpa, y publica Fauna der grotte Cacahuamilpa in Mexico; posteriormente en 1874 y 1875 Bárcena realiza investigaciones de biología y geología para la misma gruta; en 1888 Villada efectúa investigaciones biológicas; para 1891 Heilprin, también realiza aportaciones geológicas y paleontológicas; Herrera en 1894 efectúa recolecciones zoológicas en las cavernas del nordeste del país de troglobios (Reddell, 1982:250-251). Finalmente, para el siglo XIX Félix, J. en 1899 realiza trabajos de geología por todo el país (Bonet, 1971).

Entre las instituciones más importantes que realizaron exploraciones o investigaciones subterráneas en México desde el siglo XIX destacan: la Academia Nacional de Bellas Artes (1846); la Sociedad Geológica Mexicana (1910); el Instituto Geológico de México (1922); y el Departamento de Exploración y Estudios Geológicos de la Secretaría de Industria y Comercio (1922).

Estos son los primeros investigadores e instituciones que incursionan en el subsuelo mexicano, con ellos el interés científico está orientado a un campo de acción particular, y en ningún caso como espeleólogos formales. Esto significa que no existe aún la espeleología como una institución científica particular. En este sentido, tratamos de biólogos, paleontólogos, arqueólogos o geólogos, que se introducen en las cavernas para ampliar su investigación. Por otra parte, la mayoría de las publicaciones del siglo XIX y principios del XX que tratan sobre cavernas atienden descripciones de viajes —en su mayoría—, descubrimientos arqueológicos, descripciones biológicas y estudios mineros.

A continuación algunos datos sobre el desarrollo histórico de la espeleología en México desde las principales subdisciplinas que la componen: bioespeleología, espeleogeología, y espeleoarqueología. Al final un apartado sobre el avance espeleista en el país.

Bioespeleología

Alexander von Humboldt
Alexander von Humboldt

Entrado el siglo XX se iniciaron las investigaciones propiamente bioespeleológicas, con anterioridad sólo tenemos información sobre trabajos botánicos desde la Colonia hasta el siglo XIX. De estas investigaciones posiblemente una de las exploraciones más antiguas después del impacto de la Conquista es la de 1571 realizada por el médico de Felipe II, Francisco Hernández, quien llegó a estas tierras en la calidad de Protomédico General de todas las Indias, Islas, y Tierra Firme del Mar Océano, el objetivo de esta exploración era recorrer distintas regiones en búsqueda de plantas medicinales, lo acompañaron varios colectores y dibujantes, además de la ayuda propia de indígenas que lo ilustraban sobre las propiedades de los vegetales. Felipe II, muy interesado por cuestiones científicas había redactado para 1569 una serie de cuestionarios geográficos que fueron repartidos por toda la Colonia y que se denominaron Relaciones de los Pueblos Españoles y de Indios en la Nueva España, conocidos también como Relaciones Filipinas, en estas relaciones se preguntaba sobre “yerbas aromáticas y sus virtudes medicinales o venenosas conocidas por los indígenas” (De la Peña, 1986:54-55). En los años posteriores no se manifiestan otras exploraciones, sino hasta el siglo XVIII con: William Houston en 1729; Martín Sessé y José Mariano Mociño de 1793 a 1795; y Luis Neé de 1789 a 1794. Para el siglo XIX una nueva versión de investigadores se abocan al caso americano en México, destacando Alejandro Humbodlt, Aime Bonapland, Carlos Montofar, Juan Jules Linde en el sudeste del país, Von Karwinski, Carlos Sartorius, Fernando Deppe, y Henri Galeotti, quien en 1837 colecto al piedemonte de las más altas montañas de México como el Iztaccíhuatl, Popocatépetl, Nevado de Toluca y Pico de Orizaba en donde vivió al interior de una caverna durante una colecta sobre la cota altitudinal de 3,000 msnm (ibídem, pp. 54-59).

A principios del siglo XX, en el norte del país se realizan las primeras investigaciones bioespeleológicas por el distinguido zoólogo mexicano A. Herrera, las especies por él descritas fueron publicadas por Packard, quien también sobresale por sus contribuciones entre 1894 y 1900 sobre fauna subterránea en Norteamérica y crustáceos en México. Por un espacio de 40 años no se detectan mayores aportaciones para el norte de México. En 1940 Harry Hoogstral realiza la recolección de nuevas especies de arácnidos para la Cueva del Diablo, Nvo. León (Reddell, 1982:251), es así como la década de 1940 representa un nuevo interés por la vida cavernícola. Después de 1942 vendrían las aportaciones de Cándido Bolívar Pieltain y Federico Bonet.

Federico Bonet y Cándido Bolívar Pieltain junto con Osorio Tafall y D. Peláez son miembros de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, ellos exploran después de 1942 las Grutas de Villa García, la Cueva del Carrizal, y las Grutas del Palmito, todas en Nuevo León, acrecentando notablemente el conocimiento sobre nuevas especies troglobias de la clase insecta, orden collembola; de la clase arachnida, orden opiliones y pseudoscorpionida (Reddell, 1982).

En el verano de 1947, en una expedición del American Museum of Natural History a la Cueva del Diablo, Chihuahua, se descubren nuevas especies troglobias de psilochorus. Esta cavidad fue nuevamente trabajada en 1956 por los norteamericanos Gertsch y Roth (ibídem).

Aún más importante que la década anterior es el lustro de 1950 a 1955 con los trabajos de J. Carranza, Cándido Bolívar y Pieltain y Federico Bonet, para Coahuila con el descubrimiento de una nueva especie de pez gato, se trata de un espécimen de la familia de los ameiuridae, bagre anoftalmo y depigmentado Prietella phreatophila (Bolívar y Pieltain y J. Carranza, 1954; Carranza, 1954). En éste lustro también se presentan aportaciones sobre mamíferos con los trabajos de Rollin H. Baker en Coahuila y las  reconocidas publicaciones de Villa sobre murciélagos (Villa, 1956a y 1956b) que culminaran con su aportación máxima en Los Murciélagos de México (véase Villa, 1967). Es necesario también mencionar a: Denny G. Constantine, Bryan P. Glass y E. Lendell Cockrum para el norte de México y sur de Estados Unidos (Reddell, 1982:251).

Para el sudeste del país tenemos de 1936 a 1938 los trabajos del doctor A. S. Pearse de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, EE. UU. En sus investigaciones propone que la península yucateca se fue poblando después de emerger el karso, este fenómeno propició nichos ecológicos aislados y húmedos, en total, Pearse exploró 27 cavernas con una colecta de más de 300 especies de troglobios, troglófilos y trogloxenos que permitirían un mejor concepto de la biocenocis subterránea, en donde demostró que los murciélagos tienen una relevante importancia en el ecosistema subterráneo (Evia, 1990b). Antes que Pearse, Robert T. Hatt de 1929 a 1953 inició trabajos bioespeleológicos en la península yucateca, sus investigaciones se centraron sobre las variaciones en vertebrados de la fauna terrestre, resultado de estos trabajos es Faunal and Archeological Researches in Yucatan Caves (Vera, 1990:7).

La gruta de Calcehtok en Oxkintok Yucatán, fue centro de múltiples investigaciones bioespeleológicas: en 1959 Stanley Kiem colectó diversos troglobios; para 1972 David Mckenzie; posteriormente en 1973, tenemos la exploración de James Redell, quien además de los datos biológicos proporciona información geológica, topográfica y climática  que se publica hasta 1977; durante 1975 Andy Grubbs, Robert Mitchell Jr., William Russell y Suzane Wiley realizan diversas colectas (Evia, 1990b). En la actualidad esta cavidad representa un importante centro de estudio durante las prácticas de campo de los estudiantes de las universidades de México y Yucatán en bioespeleología que ahí realizan sus colectas.

Studies on the caves and cave fauna of the Yucatan Peninsula

En 1962 surge la Asociación para el Estudio de Cavernas Mexicanas (AMCS), ésta organización con sede en Austin Texas EUA, presenta  un extenso programa de colecta de especies, inicialmente para el norte de México donde ha recibido una considerable atención, las primeras cavernas visitadas por la asociación son la Cueva del Carrizal y las Grutas del Palmito para 1963 y 1964 con los trabajos de Reddell, David McKenzie y William Russell entre otros. A partir de 1966, se presentan múltiples artículos sobre temas bioespeleológicos publicados por la AMCS en su boletín, en este orden de publicaciones también se destaca el boletín de la Sociedad Espeleológica Americana (National Speleological Society, NSS). A partir de este último período se suscitan múltiples aportaciones en todo el norte de México que promueven una numerosa bibliografía (véase Reddel, 1971) donde se describen nuevas especies de troglobios esencialmente.

Las investigaciones citadas se realizan en cavidades de un acceso escasamente técnico, pero para 1975 se inician exploraciones en cavernas de mayor dificultad de acceso como serán las grandes verticales, un ejemplo es el de Peter Sprouse por parte de la Universidad de Texas para el sótano del Sauz en Chihuahua con 220 m de tiro vertical absoluto, lo cual implica ya la articulación del espeleismo totalmente técnico y la ciencia.

No quisiera pasar por alto a uno de los investigadores más destacados en la bioespeleología en México y Estados Unidos, al que he citado frecuentemente, se trata de Reddell, quien ha realizado múltiples aportaciones desde 1966. Sobresalen sus trabajos de conjunto bibliográfico y biológico. Para 1982, en un texto del mismo Reddell (1982) se expone un listado de las espeluncas exploradas por la AMCS que responden a investigaciones bioespeleológicas para el noreste de México, en ese recuento observamos las siguientes proporciones: 15 para Chihuahua, 54 para Coahuila, 12 para Durango, y 11 para Nuevo León. En suma, casi 100 cavidades analizadas desde la década de 1960 hasta 1982. Respecto a los especímenes colectados en estas cavidades se presentan más de 200 especies diferentes analizadas y catalogadas.

Doctor Bernardo Villa, ca. 1952

Entre los investigadores nacionales cabe recordar al doctor Bernardo Villa, originario de Teleolapan Gro., quien realizó investigaciones sobre murciélagos supra y la doctora Anita Hoffman, bióloga, quien hizo su tesis de doctorado sobre ectoparásitos de murciélagos, además del doctor Álvarez quien realiza estudios sobre peces ciegos. Destaca en este mismo grupo de investigadores el doctor José Palacios quien en la actualidad realiza una activa labor con ácaros, además de la propuesta de institucionalización de la espeleología en México con la presidencia en su momento  de la Unión Mexicana de Agrupaciones Espeleológicas, A. C.

Recientemente es importante mencionar los trabajos de los italianos por parte de la Sociedad Espeleológica Italiana y del Circulo Espeleológico de Roma, con estudios sobre crustáceos cavernícolas en el estado de Veracruz. Estas expediciones se iniciaron con colectas de isópodos, opiliones, arácnidos, ácaros, diplópodos, chilópodos, ortópteros, coleópteros y otros en la cueva del Madroño en la Sierra Gorda para 1969 por parte de la Academia Nacional del Lince (Lazcano, 1986:15).

La importancia de la bioespeleología para México es la réplica de la diversidad y cantidad de especies animales y vegetales del hábitat subterráneo. En el país se han hallado más de 2,000 especies, entre: mamíferos, aves, batracios, peces, gasterópodos, insectos, crustáceos, etc. No son pocas las especies nuevas que se han encontrado, e incluso hay especies endémicas que sólo se conocen en las cavidades nacionales (Lazcano, 1983). Esta es la trascendencia de la bioespeleología en México. Múltiples son las expediciones extranjeras que exploran las entrañas de nuestro territorio con el afán del conocimiento, empecemos pues a considerar nuestra riqueza como lo han hecho ya los bioespeleólogos mexicanos.

 

Espeleogeología

En tiempos pasados geología y geografía eran tratadas bajo un mismo concepto: la descripción de la naturaleza. Una de las más antiguas descripciones del mundo subterráneo en la Nueva España es la de Fray Juan de Torquemada (1976):


Capítulo XXXVI

De algunos ríos particulares y aguas soterráneas que hay en estas Indias, que son muy de notar.
No es cosa nueva para la naturaleza y distribución de las cosas, que Dios puso en el mundo, haber aguas soterráneas, que corren por debajo de la tierra; porque así como Dios quiso mostrarse maravilloso en lo visible de ella, también en lo oculto de sus entrañas, haciendo vía y camino, por lo secreto de sus venas, por donde corriesen las aguas, que en ellas y de ellas se engendran; y aunque tenemos muchos ejemplos de esta verdad, no quiero hacer memoria sino de pocos que ahora hacen al propósito; entre los cuales es uno un riachuelo que nace en Tehuacán, cuarenta leguas de México, entre el medio día y el oriente, el cual no corre de ordinario sino a horas, porque se ve que una hora corre y despide de sí todo el golpe de agua que trae, y por otra hora se suspende, de donde es fuerza confesar que aquel rato que la oculta, que no la retiene en sí la cueva, por donde sale, sino que la envía por otra vía oculta y secreta a otra parte, la cual debe de corresponder a otra boca o salida que tendrá en alguna otra tierra; y es de manera este prodigio que todas las veces que el agua asoma por esta boca, viene bufando y enviando por delante cantidad de aire que hace espantoso ruido, cuyo secreto no entiendo, si ya no es que podamos decir que la razón de estas suspensiones, es tener la vía, por donde corre, por debajo de tierra estrecha, y encontrándose con el aire que corre por aquellas cavernas le cierra el paso; y como es elemento furioso y arrebatado, obliga el agua (que también lo es) a que busque vía por donde hacer su viaje; y por esta venir a reventar por la dicha boca, trayéndose consigo y por delante parte del aire que la impide a pasar por el lugar que tiene buscando, en lo secreto y oculto de la tierra; y no es dificultoso de creer que la violencia del aire le haga al agua padecer aquella fuerza; pues siendo verdad (como lo es) que, como dice el Filósofo (Aristóteles) no hay vacío en la naturaleza y que no ajustándose el agua con la canal y zanja que tiene hecha por donde correr, ha de ir acompañada con otro cuerpo que hincha aquel vacío, éste el aire que por allí emboca, el cual como es tan veloz y ligero ...

Creo que Torquemada hace referencia a un géiser, del cual no tengo referencia geográfica o geológica para la actualidad; no obstante, lo importante de la cita es reconocer la forma de interpretar los fenómenos de la naturaleza, por ejemplo la cita de Aristóteles —el Filósofo— comprende una visión académica del mundo clásico articulada por la religión, visión característica del Renacimiento. En ese mismo capítulo, Torquemada continua haciendo mención de otros componentes geográficos como ríos subterráneos, manantiales y resurgencias, como en el valle de Santa Bárbara a doscientas leguas al norte de México, manantiales sobre la Sierra Nevada —Popocatépetl e Iztaccíhuatl— próximos a Huejotzingo, y otros en Coyoacán. También menciona algunos fenómenos espeleológicos en España en el río Guadiana, y para Medio Oriente en el río Jordán a partir de un ejercicio de geografía comparada entre el Nuevo y el Viejo Mundo.

Real Palacio de Minería a finales del Virreinato

No encontramos mayores aportaciones a las ciencias de la tierra hasta el siglo XVII, con la institución más relevante de la ciencia en la Nueva España, el Real Seminario de Minería, dentro de su programa de estudios es importante recalcar la cátedra denominada Física Subterránea y que sin duda marca el interés por el subsuelo, claro que en ese momento con el objeto de la explotación minera (Trabulse, 1985, tomo III:23).

Los trabajos geológicos formales en espeluncas se inician durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, especialmente en el karso de la región de Cacahuamilpa y regiones aledañas como la Gruta de la Estrella. Cronológicamente para la gruta de Cacahuamilpa tenemos las investigaciones de: Clave en 1850 con el texto Dibujo de la Entrada a la Gruta de Cacahuamilpa publicado por la Sociedad de Geología; Orozco y Berra en 1855; Bustamante y Cortina en 1861 con el título La Caverna de Cacahuamilpa; García Cubas en 1874; Bárcena también en 1874 publica Viaje a la Caverna de Cacahuamilpa y posteriormente Tratado de Geología en 1885; Villada en 1888 escribe la Relación de un Viaje a la Caverna de Cacahuamilpa; Heilprin en 1891; Lozano y Castro en 1892 con un estudio químico sobre las aguas de Cacahuamilpa; las reseñas de Puga del año de 1892; Félix, en 1899 con el título Uebersicht Über die Entwickelung der Geologischen Formationen; Flores en 1910 con las memorias de una excursión realizada por la Sociedad Geológica Mexicana; Galindo y Villa en 1926 con sus aportaciones de geología en México. Cacahuamilpa es el núcleo de las investigaciones geológicas subterráneas en México, ahí se inicia el interés científico por las cavernas en 1835, y de ahí parten las investigaciones para otras regiones del país. La exploración completa de Cacahuamilpa se efectuó en 1846, y en 1922 se publicó su primer plano topográfico (Bonet, 1971:66).

cacahuamilpa

Pero lejos de Cacahuamilpa, la región más relevante de México en cavidades subterráneas naturales por su composición kárstica es sin duda la península de Yucatán, ahí destacan para la década de 1930 los trabajos geoespeleológicos y de espeleogénesis de Wittich quien publica en 1936 Hölen und Karsterscheinungen in Mexico. Para el resto del país contamos con los bosquejos geológicos de Fries efectuados en la década de 1955 a 1966 y los trabajos de Bolívar Pieltain y Federico Bonet desde 1940 para el área de Xilitla, SLP y la Sierra del Abra.

La historia de la exploración subterránea de la Sierra Gorda en los estados de San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato es el ejemplo de la moderna espeleología que investiga de manera sistemática una región kárstica, aquí los antecedentes se remontan a 1880 con exámenes geológicos según Lazcano (1986), pero no es hasta 1952 en que observamos el trabajo sistemático de prospección espeleológica iniciado con la campaña espeleológica del Instituto de Geología de la UNAM, compuesto por el doctor Federico Bonet, Raúl Ortiz y otros más partiendo del área de Tilaco al NE del estado de Querétaro; posteriormente en 1961 se suman los trabajos del geólogo estadounidense Kenneth Segerstrom; para 1967 los miembros de la Association for Mexican Cave Studies completan la investigación de la región. En la Sierra Gorda han participado también numerosas agrupaciones científicas nacionales e internacionales como el Grupo de Investigación Espeleológica de 1973 integrado por mexicanos, además del grupo AKSIA de Polonia, el GSL de Francia en 1980 y el MUCCC de Canadá. Recientemente en 1980 se fundó la Sociedad Mexicana de Exploraciones Subterráneas (SMES) una de sus principales aportaciones al conocimiento subterráneo, han sido las publicaciones sobre la Sierra Gorda, dando así continuidad a la exploración sistemática de cavidades hecha por mexicanos con un interés propiamente espeleogeológico. Lazcano (1986) de la SMES presenta un amplio estudio de la región, ahí, enfatiza las siguientes áreas con sus respectivos datos: Mirasoles, con área de 300 Km, un total de 85 cavidades; Pinal de Amoles, con área de 900 Km, un total de 99 cavidades, exploradas 71, por explorar 28, con evidencia arqueológica 5; San Joaquín,  con área de 730 Km, un total de 15 cavidades; San Juan, con área de 450 Km2, un total de 47 cavidades; Toncoyol,  con área de 900 Km2, un total de 62 cavidades, exploradas 44, por explorar 18; y Tilaco,  con área de 350 Km2, un total de 65 cavidades, exploradas 32, por explorar 33. En suma las cavernas de la región presentan desarrollo vertical y en algunos casos las grandes verticales ahí localizadas son citadas en la bibliografía espeleológica mundial por sus grandes dimensiones como el sótano del Barro con 410 m de tiro vertical absoluto, o bien  el sótano de las Coyotas con un desarrollo de 581m siendo la sima más profunda de la región.

Sótano del Barro, expedición de la Cruz Roja Mexicana, 1993

El sótano del Barro, es la mayor vertical con tiro absoluto en el mundo con 410 m de caída libre, su boca tiene un diámetro superior a 400 m con una profundidad total de 455 m.  Se ha  discutido sobre su primacía mundial, algunos espeleólogos como los italianos afirman que hay verticales más profundas, y en efecto las hay pero no en un sólo tiro; lo que afirman los italianos son verticales como la de Stary Sistak en Austria con 480 m o Epos Cham en Grecia con 451 m pero esos abismos no son continuos como el caso del sótano del Barro, al cual le siguen en dimensiones el abismo de Provatina en Grecia con 392 m y Golondrinas también en México con 376 m (Lazcano, 1988b). El sótano del Barro fue descubierto en enero de 1972  por espeleólogos de la AMCS, al momento múltiples expediciones de todo el mundo y nacionales lo visitan con motivo de tener entre sus logros la sima vertical más profunda del orbe.  El descenso a esta espelunca requiere de una gran experiencia en la práctica subterránea, además de un complejo trabajo de conjunto y de acentuadas necesidades económicas para la adquisición de materiales, transporte y alimentos entre otros tantos puntos como su difícil acceso, accidentada topografía y clima extremo.

Sótano de Las Golondrinas, expedición de la Cruz Roja Mexicana, 1979
Las cavidades subterráneas de mayor interés se desarrollan sobre terrenos calizos. México presenta más del 20% de su territorio con esta geomorfología de drenaje subterráneo al que se denomina karst. El karst ha sido recientemente investigado en su particularidad epistemológica y hoy en día se le denomina karsólogía (Espinasa, 1990), disciplina íntimamente ligada a la espeleología y emanada de ella, en donde se hace énfasis  a las investigaciones de génesis de cavidades, hidrología y geomorfología estructural relacionado todo ello a terrenos calizos, destacan en este campo hoy en día Carlos Lazcano y Ramón Espinasa por la SMES y la UNAM (cfr. bibliografía).

 

Espeleoarqueología

Frederick Catherwood, Bolonchén, 1842

Algunas de las primeras exploraciones en México a cavidades subterráneas estuvieron destinadas a la arqueología, su objetivo era la búsqueda de restos de pueblos primitivos, idea romántica del siglo pasado que vio en las cavernas un sitio básico para sus investigaciones. Resultado de esta actividad desde el siglo XIX son los trabajos de John Lloyd Stephens (1990) reunidos en dos títulos Incidents of Travels in Central America, Chiapas and Yucatan e Incidents of Travels in Yucatan, publicados ambos por Harper and Brothers de Nueva York, en dos volúmenes cada uno, en 1841 el primero y en 1843 el segundo, estos textos fueron estupendamente ilustrados por Frederick Catherwood, y hoy en día son documentos clásicos sobre la historia de Yucatán. Los anteriores documentos describen las formaciones subterráneas de Maní, Xtacumbil—Xunaan y Dzab—Na de Tecoh y la región de Oxkintok y Opichén (Vera, 1990:6 y Evia 1990b).

Entre 1886 y 1895 se destacan las exploraciones del alemán Teobert Maler en cuevas yucatecas, especialmente para Loltún. Sus diarios conservados en el Ibero—Amerikanisches Institut de Berlín muestran que Maler fue el primer arqueólogo en explorar Loltún. Los dibujos y fotografías de las cavidades e iconogramas de Loltún y otras cavidades son muy valiosas ante la erosión y vandalismo que estos han sufrido a últimas fechas. Tanto Maler como Thompson clasifican a las representaciones iconográficas humanas como momias relacionadas a un culto funerario y/o a sacrificios (Strecker, 1981).

Edward Thompson entre 1888 y 1891 explora la caverna de Loltún y otras 32 cavidades más de la zona de Oxkutzcab, publica en 1897 Cave of Loltun, Yucatan en las memorias del Museo Americano de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard. Por ese entonces -1890- tenemos los trabajos de Heilprin por parte de la Academia de Ciencias de Filadelfia quien además hace referencia de iconogramas comentados posteriormente por Mercer (Evia, 1990b).
Tal vez el más importante de los arqueólogos subterráneos decimonónicos para Yucatán sea Henry Chapman Mercer, quien en el año de 1895 entre los meses de enero a marzo se aboca a la búsqueda de los orígenes del hombre americano, es así como explora 29 cavernas, realizando en 10 de ellas excavaciones arqueológicas. Como resultado publica en 1896 The Hill—Caves of Yucatan, obra básica en el estudio arqueológico del subsuelo yucateco. En 1895, Mercer contaba 39 años, y laboraba como curador del Museo de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Pensilvania, desde tiempo antes se había interesado por los orígenes del hombre americano, por lo tanto había explorado con ese objetivo diversas cavernas en Norte América por lo que se le considera como pionero de la espeleología en EE.UU.

A finales del siglo XIX, se contaba con la literatura arqueológica para las espeluncas de Yucatán de Thompson, Maler, y Stephens, así que las conclusiones a las que llegó Mercer fueron más completas, destacando los siguientes elementos del uso de subterráneo:

  1. Extracción de agua para la comunidad.
  2. Extracción de “agua virgen” para rituales religiosos.
  3. Realización de rituales religiosos.
  4. Lugares de entierro.
  5. Galerías de arte con relación religiosa.
  6. Depósito para ofrendas rituales.
  7. Sitios de refugio temporal.

Las cavidades exploradas por Mercer responden a una ruta expedicionaria que tiene por inicio el puerto de Progreso con destino a la Sierrita de Ticul y la región de Tekax. De las cavidades con excavación metódica tenemos: Spukil, Sayab, Oxkintok, Chekt-a-leb, Xmak, Lara, Loltún, Coyok, Tiplamas y Sabaka. Exploradas: Chambak, Jeh, Cueva del Negro, Rancho Chack, Sitz, Tzuzui, Chanz, Pantak Intul, Chumya, Mulco, Mani, Cush—hu, Petcot, Has, Kobak, Kot Muñoz, y Skokikan.

Ya entrado el siglo XX, para 1925 Frans Blom en su viaje por Chiapas descubre la Cueva del Zopo, al explorarla, se descubren tres grandes incensarios típicos de la región (Schávelzon, 1982:171), éste descubrimiento como otros tantos, son eventos aislados de la arqueología subterránea en México, que darán paso a investigaciones sistemáticas posteriores.

En la actualidad es posible afirmar que Yucatán es el centro de la actividad espeleoarqueológica y espeleoantropológica del país, su vanguardia está avalada por el apoyo del INAH a la  Sociedad Yucateca de Espeleología Aktunoob que congrega a antropólogos y arqueólogos especialmente interesados por la preservación del subsuelo cultural de la región, su proyecto más innovador es la elaboración de un Atlas Arqueológico Subterráneo para la península, además cuentan con una publicación especializada, la revista Aktun y la organización de encuentros permanentes entre espeleólogos cubanos y mexicanos para el análisis de la problemática ecológica, arqueológica y geológica de las espeluncas yucatecas.

Para concluir este apartado sobre espeleoarqueología, quiero apuntar sobre las diversidad que existe respecto a los de problemas de investigación que convergen en los trabajos arqueológicos ligados a cavernas, tal el caso de la arqueología subacuática con prospecciones que se definen ya en el campo del espeleobuceo arqueológico como en el cenote de Xlacah en Dzibilchaltún, explorado por Andrews en 1978, o bien remontarnos al cenote de Chichen Itza en donde William Folan y Piña Chan en 1968, después de haber clarificado el agua mandaron buzos que pudieron establecer hasta una estratigrafía de la zona de escombros adosada a una pared del cenote (Pincemin, 1987:307).

Al igual que el espeleobuceo arqueológico, la arqueobotánica es también una nueva perspectiva en los trabajos realizados en cavernas de escasa humedad. La descripción de restos vegetales carbonizados y no carbonizados recuperados por Thomas Lee en 1969 durante la excavación de cuevas secas en el área de Río de la Venta en Jiquipilas y Cintalpa, son un claro ejemplo. Por otra parte son relevantes los especímenes procedentes de la Cueva de la Media Luna, Chiapas, que incluyen cáscara de palma, textiles, copal, fragmentos de jícara y mecates asociados con elementos de vegetales como semillas de frijol, cucurbitáceas y olotes. De la Cueva Cuatro Hacha se reportó una ofrenda sobre una cama de hojas conteniendo semillas de chile y tomate. En 1964, Mc Neish empleo los resultados del análisis de muestras de polen procedentes de la Cueva de Sta. Marta para apoyar su hipótesis de que el polen de maíz del área no contaba con suficiente antigüedad para justificar el área como posible centro para el origen de la agricultura. Todas las excavaciones mencionadas se han efectuado en cavidades secas, donde no se presenta un clima tropical con alta humedad (Mc Clung, 1985:140‑145). En este sentido la sequedad y la temperatura constante, al igual que la protección de la caverna frente a agentes erosivos favorecen la preservación del material arqueobotánico originario de poblaciones trogloditas prehistóricas.

Espeleismo

Sin ánimo de controversia, se entiende una diferencia entre espeleología y espeleismo. La actividad espeleista correspondía únicamente a la exploración de carácter deportivo y la espeleología a la disciplina científica. Espeleología y espeleismo correspondían a la articulación denominada: el deporte ciencia. Ese era un calificativo que nos venía de la década de 1940. Hoy en día, observamos que la frontera entre el deporte y la ciencia es menos perceptible. Las grandes expediciones que se internan en el subsuelo en busca de la espelunca más extensa o más profunda con un fin deportivo cuentan no sólo con una apropiada condición física y técnica como en cualquier deporte, sino que también están acompañadas por geólogos, arqueólogos, topógrafos y biólogos, más aún, no hay miembro que desconozca de manera elemental la dinámica kárstica, o que no entienda  la importancia de los materiales arqueológicos, o que no comprenda la clasificación de los organismos cavernícolas y su fragilidad ecológica.

Si bien, hoy en día no es muy clara la diferencia entre espeleología y espeleismo, si lo fue en el pasado. Así, que en este apartado se discutirá sobre los avances en la exploración del subsuelo, con el afán de conquistar las simas de mayores proporciones en el país.

Iniciamos en la década de 1960, hasta ese entonces no se presentan grandes avances en la exploración subterránea, no obstante los trabajos científicos citados líneas atrás. Para 1963 un grupo de estudiantes que se  interesaron profundamente por las cavernas crearon el primer grupo dedicado exclusivamente a la práctica del espeleismo y establecieron el Grupo Espeleológico Mexicano (GEM), siendo uno de los fundadores el doctor Cándido Bolívar, Jorge de Urquijo y Tovar y su esposa Alejandrína Pérez. Su primera conquista relevante fue la Boca del Diablo en Guerrero, con 268 m de profundidad. El GEM se dedicó a explorar y estudiar el área de Cacahuamilpa principalmente, y ocasionalmente la Sierra Norte de Puebla y el estado de Oaxaca con el sótano de San Agustín. En 1970, parte de los integrantes del GEM se separaron del mismo, para dar origen al Grupo de Investigación Espeleológica (GIE).

En el inicio de la década de 1970 destaca el trabajo editorial de  Alenjandrina Pérez en la Comisión Nacional de Espeleología patrocinada por la Federación Mexicana de Excursionismo de la Confederación Deportiva Mexicana con el boletín Spelaion.

Para 1974, la inquietud de exsocios del GEM, GIE y de otras organizaciones y personas abocadas a la práctica del espeleismo propició que se formara un nuevo grupo dedicado únicamente al desarrollo de la espeleología, a esta integración le denominaron Asociación Mexicana de Espeleología (AME).

Como se indico anteriormente, fueron los trabajos del GEM en la década de 1960 en la sierra norte de Puebla (Cuetzala) y muy particularmente la exploración del sótano Boca del Diablo (Montiel, 1985) y posteriormente el sótano de San Agustín en Oaxaca, entre otros puntos de la república los que dieron inicio de una manera formal a la exploración deportiva de las cavernas de alto nivel técnico.

Para esta misma década —los setenta— la Federación Mexicana de Excursionismo (FME) forjó la Escuela Nacional de Montaña con sus respectivas secciones estatales en donde se impartían cursos de técnicas de exploración subterránea. Por otra parte el IPN instituyo el tema de la espeleología en sus secciones de montañismo. Es así como la FME y el IPN con los pocos conocimientos técnicos y no científicos que se tenían al respecto en aquel entonces por parte de los montañistas se integraron a la exploración subterránea.

La importancia que suscita la exploración subterránea para estos momentos encuentra eco en la Escuela de Guías Alpinistas de México (EGAM), que dio cabida en su calendario de actividades a la práctica del espeleismo. Para abril de 1974, Jorge Ibarra S. presidente del Club Andino República de Chile, Sección México propone a José Luis Beteta director de la EGAM el descenso al sótano de las Golondrinas en SLP, con un tiro vertical absoluto de 336 m lo cual, en su momento, era todo un reto técnico que sólo los más avanzados expedicionarios extranjeros se atrevían a efectuar. En este descenso los mexicanos emplearon las nuevas técnicas para pozos profundos y la manufactura de equipo especial con lo cual se dio inicio a la exploración de pozos profundos por parte de nacionales. El logro de ser el primer mexicano en descender corresponde a Lorenzo García Gallardo de la Cruz Roja Mexicana. Este objetivo alcanzado en septiembre de 1974 dio pie para que la EGAM organizara a distintas agrupaciones nacionales para intentar la conquista del Sótano del Barro, el mayor tiro vertical absoluto en el mundo. Al año siguiente, en 1975 nuevamente la EGAM convoco a espeleólogos nacionales e intentó el descenso al Sótano de San Agustín, Oaxaca, uno de los sistemas más profundos también en el mundo conocidos a la fecha, en esta expedición descendieron hasta 608 m.

Hoy en día, el auge del espeleismo encuentra resonancia en grupos de montañistas, rescatistas, alpinistas, excursionistas, turistas y scouts. Sobresalen los scouts de la región de Yucatán, que desde 1944 se dedican a la exploración del subsuelo (Vera, 1990:7) y también los scouts del norte del país, principalmente en Monterrey; también los grupos de rescate subterráneo de la Cruz Roja Mexicana se destacan con su organización académica y de múltiples  expediciones a las grandes simas y sus colegas del Socorro Alpino de México con sus permanentes guardias en la región de Cacahuamilpa. En todos estos grupos, a los que hay que sumar a los estudiantes de biología y  geología de las universidades nacionales encontramos un elemento en común: una juventud interesada por conocer y preservar las entrañas de su tierra.

Al límite del espeleismo, el espeleorescate. Compleja actividad de salvamento y búsqueda subterránea. El volumen de servicios en este medio hostil es escaso en la actualidad, pues como se ha podido observar la espeleología es una actividad reciente, por lo tanto el número de personas que se adentran al subsuelo es mínimo, y los pocos exploradores nacionales cuentan con una buena preparación física y técnica, por lo tanto el índice de siniestros es bajo. Sin embargo, este índice tiende a incrementarse por la imprudencia de falsos excursionistas y curiosos que se introducen a las cavernas. Hasta la fecha el mayor número de rescates corresponde a la recuperación de cadáveres producto de homicidios o suicidios, y en otros casos a la búsqueda de individuos como pseudo exploradores y drogadictos extraviados en cavidades y minas de arena.

Las expediciones extranjeras continuamente se internan en México, sin que tengamos control de su acceso. Destacan los investigadores canadienses procedentes de Quebec, ingleses, franceses, italianos (Circolo Speleológico de Roma), belgas, polacos y norteamericanos de la NSS y la AMCS. La AMCS es un claro ejemplo del interés de organizaciones científicas extranjeras por el subsuelo nacional, sus investigaciones son bibliografía básica para el conocimiento subterráneo de México. El boletín de la AMCS ofrece tal cantidad de datos que el lenguaje topográfico por ellos usado es aplicado por los espeleólogos mexicanos.

México es uno de los países más importantes en el mundo para las investigaciones subterráneas. Una capa excepcionalmente gruesa de roca caliza que compone la cordillera de la Sierra Madre Oriental combinada con fuertes lluvias en verano ha formado, lo que en la actualidad se conoce como la mejor región de espeluncas en el mundo. En ninguna parte los espeleólogos han mostrado tanto interés como en la Sierra Mazateca, la Sierra de Zongolica y ahora la Sierra de Juárez. En esta última se encuentran macizos de roca caliza de más de 3,000 m de espesor (ibídem).

Nota del autor: Se pide una disculpa a todos aquellos que no fueron mencionados en la presente obra, lo cual no fue intención hacer de lado a nadie; simplemente, nunca imaginé que fuera tan amplio el campo de información.

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Dr. Ismael Arturo Montero García

 




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